El juego es una forma privilegiada de expresión y comunicación, donde los participantes pueden experimentar, aprender y construir conocimientos diferentes de manera libre y autónoma. Si añadimos el carácter simbólico, nos permite la creación de diferentes roles, identidades y situaciones imaginarias.
El juego involucra tanto aspectos emocionales como cognitivos, estimulando el desarrollo integral de las personas. Enfatizamos la importancia de la dimensión relacional, ya que mediante la interacción con otros jugadores o con los perros de intervención, se fomenta la cooperación, la negociación y el respeto mutuo.
Jugar con los niños o con los jóvenes es trazar un puente que los enlaza directamente contigo. Jugando los conoces, ellos te conocen, descubres sus intereses, sus miedos, sus preocupaciones, sus gustos y sus curiosidades, y al mismo tiempo, jugar te hace no olvidar al niño que llevas dentro.